Apreciacion de Sofia y el terco

22.09.2013 14:24

 SOFIA Y EL TERCO.

Sofía y el Terco es una película de Andres Burgos, la cual fue estrenada en el año 2012, cuenta la historia de una pareja de viejos campesinos de los andes colombianos, quienes vienen adelantado un viaje para ir a conocer la costa caribe, sin embargo el esposo de Sofía no quiere confiar su tienda de abarrotes a  su ayudante, por lo cual aplaza el viaje a la costa con Sofía. Pero Sofía cree que no puede esperar más para conocer el mar, por lo cual decide emprender una travesía que la llevara a cumplir su sueño.

La historia de la película es demasiado simple, una anciana que quiere conocer el mar y que decide hacerlo sin importar consecuencia, sin embargo el punto de vista elegido por el director muestra la historia  como un relato íntimo  en el que salen a relucir  distintas facetas de los personajes, lo cual da pie para que aparezcan personajes secundarios como la hermana de Sofía, una viejita particular que anda en sudadera todo el día.

Cabe agregar el particular hecho de que durante los 84 minutos Sofía, la protagonista de la historia no pronuncia una sola palabra, lo cual desde la construcción del guion exigió una ardua labor, pues la participación de Carmen Maura (Sofía) se dio por que estaba convencida de la buena construcción del personaje, en quien vio un reto para su representación puesto que significo representar un papel lleno de mensajes y de expresividad, sin decir una sola palabra.

De esta manera la historia inicia contando la vida rutinaria de Sofía y su esposo, ella se levanta abre la ventana, respira el aire fresco todos los días,  hace las labores domésticas, viste a su esposo, le da su desayuno y lo despacha diariamente hacia el pueblo, para que gaste sus días de tendero en un lugar donde nada rompe la monotonía. De esta manera la película va narrando paralelamente la historia de dos personajes diferentes, Sofía y su esposo el Terco, ella una soñadora, cansada de su rutina y ambiciosa por sus sueños y él un viejo inmerso en la cotidianidad de los días,  que parecen no romperse por el mismo empeño del viejo.

¿Y qué hay de la terquedad? Alfredo es el símbolo de la rutina misma, que siempre sale de la casa y llega a la misma hora, que dice las mismas palabras y con los mismos gestos, que hace las mismas cosas, que ronca siempre en la misma forma terca e insistente. Posee un machismo terco, acostumbrado a la generosa entrega de su mujer, la cual acepta como algo natural, que se da por hecho garantizado de la vida. ¿Qué pasa cuando la mujer abandona el hogar y deja el nido vacío? Burgos aprovecha estas circunstancias para contar detalladamente, lentamente, una historia adicional: una lección sobre la soledad profunda y el deterioro personal que implica la vida del hombre solo. En este sentido, la película es un homenaje a la capacidad femenina para equilibrar la terquedad machista del hombre. Un homenaje que para nada se resigna a que el personaje femenino aparezca apagado y disminuido, sino que encuentra en el profundo interior de la mujer una reserva de sabiduría, de creatividad y de capacidad para la  aventura, que quizás los hombres tercos no llegarán a intuir y, menos, a experimentar.