Hay que saber ver, oir y leer
Hay que saber “Ver, Oír, Leer”.
Se nos ha vuelto un hecho normal dejar que Cine y televisión continúen proyectando una imagen de nuestra realidad colombiana vinculada al narcotráfico, es un fenómeno naturalizado que avanza en progreso formando un cumulo de significados que contribuyen a retroalimentar la realidad nacional. En el presente texto se realizaran varias apreciaciones acerca del narcotráfico y su influencia en la industria cinematográfica y televisiva, para ello se ha desarrollado una revisión de prensa, periódicos, noticieros y demás medios de comunicación, con el fin de abordar el discurso desde la perspectiva construida desde los medios.
No es de eruditos, saber qué cine y televisión se encuentren atravesados por esa brecha histórica denominada violencia, la historia de estas dos ramas de las comunicaciones en nuestro país, se han encargado de hacernos sentir amor y odio por medio de la ficción de historias propias de nuestra historia. “Cóndores no entierran todos los días” de Francisco Nordem, por ejemplo cuenta la historia de la violencia de los años 50´s desde la perspectiva de León María Valencia, alias el cóndor; mientras que en la televisión está “La Pola” una producción de RCN televisión, en la cual se cuenta la historia de este personaje histórico, Policarpa Salavarrieta.
Ambas producciones obtuvieron buen financiamiento para su desarrollo, sin embargo cada una decide emitir el mensaje de diferente forma, por ejemplo la primera aunque obtuvo buen fondos de producción, no se compara con el los obtenidos por la segunda, y sin embargo ésta emite un mensaje más acorde con la realidad de la cual se sustrajo, es decir aunque hayan retoques de corte estético (como le uso de personajes teatrales), la historia no es trastocada por director o guionistas a fin de emitir un mensaje determinado, contrario como sucede en La Pola, en la cual no solo se usan los elementos estéticos, sino que se manipula el discurso, a fin de emitir el mensaje (por ejemplo, el eslogan de la novela, era Amar la hizo libre).
En la actualidad, los medios de comunicación han mercantilizado aspectos de la vida social, hasta tal punto de ofertarlos de manera descarada por todas partes, violencia, sexo y dinero, son las premisas que parecen llenar nuestro universo de necesidades. El mundo de los Audiovisuales ingreso al siglo XXI presenciando lo que sería el inicio de las narco producciones[1], “La virgen de los sicarios” de Barbe Schroeder estrenada en el 2000, causo tanto revuelo entre críticos y aficionados, puesto que era una versión moderna en la que se fusionaban los mundos creados con anterioridad por Víctor Gaviria, me refiero a “Rodrigo D, no futuro” (1990) y “La Vendedora de Rosas”(1998).
Estimada o rechazada, cualquiera fuera la apreciación la película dejaría el semblante de un tipo de historia para contar en el cine, una fuente de inspiración la cual usufructuarían guionistas, productores y directores con ulterioridad. De igual modo el fenómeno se extiende hacia la televisión, la cual a partir del 2008 proyecta una producción bajo el formato de novela, titulada “El Cartel de los Sapos” de Andres Lopez[2], quien particularmente a modo de memorias realiza una historia de un miembro del cartel de la mafia colombiana que es capturado y que para obtener sus garantías de supervivencia brinda información a las autoridades norteamericanas.
Las historias de Narcos han forjado un estilo de cine y televisión, al igual que los norteamericanos tienen un cine de Western y una televisión “prime time”, parece ser que a Colombia la suerte le heredo un estilo narcotraficante. Omar Rincón, reconocido critico de los medios de comunicación, arguye que “hoy en día los medios están seguros de que lo narco es capaz de identificarnos, de que las telenovelas producen un goce con tales producciones” (Semana, Narco - Television, 2009), y es que según las estadísticas en el 2009 el 43, 1 % de la población prefería “El Capo”, mientras que el otro 46,6 % restante optaba por “Las Muñecas de la Mafia”, es decir la población se dividía entre qué historia satisfacía sus expectativas, ellos decidían la versión sofisticada del narcotráfico o la versión estereotipada o chabacana, que se engalana por “las mujeres de silicona” (Semana, El año del narcodrama, 2009) que le rodean.
Las opiniones manifiestas en los distintos medios, por un lado apuntan a decir que tales producciones tienden a servir de guías o modelos para ser delincuentes, por otro lado afirman y sostienen que el cine y la televisión han sido los instrumentos que han contribuido a romper la visión idílica de que Colombia es un paraíso. Ambas posturas plantean posiciones validas sin embargo el error está en la exclusión de la una hacia la otra, añadiendo la falta de reflexión o critica acerca de los que se nos muestra. Es decir, el acto de observar una producción audiovisual, no es un acto inmediato y pasivo, implica al igual que en la escultura o las artes visuales una predisposición de lo que se pretende observar.
Giovanni Sartori[3] puede darnos una mayor claridad sobre el asunto que preciso puntualizar, de acuerdo a sus planteamientos, los audiovisuales se presentan como un sistema de signos y símbolos dotados de significado común, que se encuentra estructurado a manera de lenguaje, de tal modo que podemos hablar de un lenguaje de lo audiovisual. Dicho lenguaje es introyectado por los individuos en todo su proceso de constitución personal y social, de ahí se tiene que la pornografía[4] sea usada como un referente de orientación sexual, ante todo en edades tempranas. De esta manera la predisposición supone hacer una buena lectura de los símbolos u imágenes que se presentan y hacer una evaluación de la forma y sus contenidos.
Para aclarar la forma debe ser entendida como los instrumentos y métodos que se emplean para recrear la realidad a través de una cámara, por ejemplo asuntos de vestuario, locaciones, la música entre otras. Mientras que el Contenido hace alusión a los elementos sociales, culturales, políticos que enriquecen la historia que se pretende contar, lo que garantiza la correspondencia con la realidad. Puesto que “la historia debe contarse desde adentro de los personajes” (Mckee, 2003), vinculando los aspectos fisiológicos, psicológicos y sociológicos de los personajes centrales ya que son el eje central de la historia[5].
En este sentido, la ausencia de una interpretación coherente del discurso audiovisual hace que los diferentes medios de información asuman el problema de manera intrascendental, otorgándole un tratamiento muchas veces superfluo; por ejemplo en entrevista con Diana Montoya, para el programa radial “a vivir que son dos días” de Caracol Radio, el actor principal de la producción “Escobar: el patrón del mal”, Andrés Parra, declaró que ha sido uno de los papeles más duros en su carrera, puesto que se trataba de recrear la figura histórica de alguien muy representativo para el país, sin embargo la periodista no ahonda en el tema ético que puede sugerir recrear un personaje de tal envergadura, contrario a ello legitima la producción y prosigue con una entrevista que ahonda mucho más en lo que concierne a lo estético, asuntos de forma.
En concordancia con muchos de los críticos de la producción “Escobar”, la obra “se reduce a ofrecer la historia en su versión más oficial, emocionalmente más efectista y definitivamente más inofensiva para las prestigiosas instituciones del país” (Larotta, 2012). Además el resultado de la producción fue todo lo contrario a las declaraciones dadas por Juana Uribe y camilo Nieto, creadores del producto, quienes pretendían desmitificar la figura de Pablo Escobar, para saldar de esa forma la deuda con las víctimas (o sea un problema de contenido).
Juan Camilo Ferrand, libretista de “Escobar”, reafirmó lo dicho por sus creadores en El Espectador, "Es un retrato pegado a la realidad de la mejor manera posible. No define a la Colombia actual ni a sus habitantes, sino a una que documenta un país, sus dirigentes, sus héroes y sus enemigos, en un punto específico del pasado. Propone cuestionamientos, despierta preguntas e inquietudes, refresca y clarifica la memoria, y desmitifica la imagen equivocada de Robin Hood y de héroe que tiene, para darle la dimensión de delincuente que fue" (Espectador, 2012).
Sin embargo la producción al hacer del personaje el centro de la historia, deja de lado la construcción del contexto histórico, no en cuanto a la forma, es decir la estética (como si se logra en la serie), sino en cuanto al contenido, a los elementos que intervinieron en ese periodo histórico, es decir desarrollar el proceso de articulación de las guerrillas en el narcotráfico; la financiación y vinculación de los grupos paramilitares al mismo; la mano negra, que junta la política con el narcotráfico; y como consecuencia el surgimiento del Narco
Estado.
Un fenómeno particular que aparece como resultado, no solo de esta producción, sino de otras producciones televisivas y algunas cinematográficas, fue el del surgimiento álbumes de laminillas de este tipo de series, los cuales en sentir de Fabián Sanabria[6], representan figuras simbólicas que sirven como reseñas de la historia, por ejemplo, circuló por algunos países europeos el álbum de la 2ª Guerra, el cual pretendía reseñar ese episodio de la historia europea. De igual forma la manifestación de fenómenos como el de las laminillas, deja la inquietud de que esto busca reseñar a estos personajes en pro o en contra de la sociedad colombiana, sea recordarlos como iconos o héroes o como figuras que hacen parte de un proceso social en la estructura nacional.
Como se puede observar las narco producciones, no son simples películas o novelas que hablan de drogas, prepagos y traquetos, son el resultado de una industria cultural que estandariza prácticas, comportamientos, aspiraciones y valores comunes. Las narco producciones han logrado representar la cultura del narcotráfico, sea de manera exagerada y extravagante o sutil, pero lo han hecho. Sin embargo descontextualiza la cultura del narcotráfico del contexto de la cultura universal dominante, haciéndola pasar como un universo cultural contenedor de otros grupos culturales.
A ello han contribuido los diferentes medios de información y las industrias de las comunicaciones, quienes consideran el asunto de manera intrascendental, monopolizando gustos y apreciaciones que los espectadores puedan hacer de sí mismos y contribuyendo a la formación de sujetos incapaces de reflexionar sobre sus propias representaciones.
A modo de conclusión la sociedad colombiana a traviesa por un problema que atañe a la modernidad, el asunto del lenguaje audiovisual, como la nueva forma de lenguaje, y como el medio a través del cual se puedan lograr transformaciones sociales, solos sí guionistas, directores, productores y demás miembros de la industria audiovisual, se encuentran implicados con el diáfano compromiso de mostrar la realidad tal y como es.
En sentir de Barbero & Pecault entre otros teóricos de los medios de comunicación, en Colombia la suerte nos impuso la violencia como la premisa de nuestras creaciones narrativas, ese imperativo, logra desplegarse al cine y la televisión, en donde hay un cumulo muy grande de historias que hablen sobre el asunto de lo violento. Sin embargo según los teóricos mencionados, depende de los espectadores y los realizadores de audiovisuales exigirse nuevas formas de representarnos, para asi generar una perspectiva crítica y reflexiva de la realidad.
[1] Entiéndase por narco-producciones, las telenovelas, seriados y producciones cinematográficas que han tomado como referencia en sus historias el tema del narcotráfico y las relaciones sociales que se tejen a su alrededor se pueden mencionar dos producciones que anteceden a las aquí citadas: La lectora y la mala hierba, las cuales abordaron el tema pero de manera muy discreta, con un mayor énfasis en el desarrollo de situaciones ficticias.
[2] Andrés López es actualmente un escritor caleño, quien estuvo vinculado hace aproximadamente unos 15 años al cartel del norte del valle, sin embargo su pago de condena en EEUU, hicieron que su vida diera un giro, con el cual dio un paso del narcotráfico a la literatura.
[3] En su libro Homo Videns, Sartori desarrollara mucho mejor la idea del lenguaje simbólico (audiovisual), con la fin de establecer que la sociedad moderna a traviesa por un proceso en el que se sustituye el lenguaje simbólico de las letras por uno de las imágenes.
[5] De acuerdo con la teoría de los guiones, los personajes centrales de la historia por lo general son el centro de las historias, el logro de una buena caracterización puede traer como consecuencia el desarrollo de una buena trama, para lograrlo se hace necesario realizar una construcción compleja que implica investigar aspectos fiscos, psíquicos y sociales que pueden caracterizar y singularizarlo, a fin de suscitar emociones de simpatía entre el protagonista y su historia, respecto a los espectadores que interpretan la obra.
[6] En entrevista otorgada al programa radial, “Confidencial Colombia” dirigido por Ervin Hoyos Medina.